Premios Industria CRFIC: la multiplicación de las voces y las historias

Los incentivos económicos y en especie que otorga el Costa Rica Festival Internacional de Cine (CRFIC) a los proyectos que participan en su sección Industria CRFIC son imprescindibles para el sector cinematográfico y audiovisual nacional.

El espacio es vital no solo por las ayudas concedidas, sino por los procesos colaborativos que fomenta, en que los proyectos seleccionados se acompañan de realimentación con asesores, jurades y colegas. 

“Industria CRFIC cuenta con apoyos en efectivo y de patrocinadores que han acompañado la sección desde hace varios años y apuestan por el talento y las historias de la región”, afirmó la coordinadora de Industria CRFIC, María Fernanda Carvajal. 

“Son fundamentales para los procesos como las etapas de desarrollo, posproducción y distribución de las películas, que cuentan con escasos -por no decir nulos- fondos en nuestra región”, aseveró. 

Las personas ganadores de los premios de Industria de la novena edición del CRFIC coinciden en que los fondos son un apoyo decidido para el desarrollo de proyectos en las fases de producción y posproducción, y que promueven la posibilidad de contar historias con diversidad de miradas, voces, abordajes, temáticas y contextos.

Las propuestas seleccionadas por las juradas del Foro de presentación de proyectos fueron Matryoska, bajo la dirección de Maricarmen Merino, Los monaguillos, dirigida por Juan Manuel Fernández y El espacio es un animal monstruoso, con dirección de Natalia Solórzano.

De acuerdo con Merino, “recibir los fondos es incuantificable más allá de lo que significan económicamente: son un espaldarazo, como un acto de fe y de fuerza para las y los creadores, al sentir que nuestras historias sí importan, que hay apoyo y respaldo estatal para poder seguir contando historias desde nuestras miradas y seguir generando espacios de diálogo y reflexión, de preguntas y anhelos compartidos a través de las pantallas de cine”.

Para Fernández, los realizadores tienen muy poco apoyo estatal y privado, y por lo tanto es vital mantener los fondos para financiar parcialmente los proyectos. “Son las vías para que muchas veces una película pueda salir adelante, realizarse y recibir otros apoyos. Son indispensables tanto para la producción en desarrollo como en posproducción”.  

En este mismo sentido, Solórzano manifestó que en estos tiempos de crisis es fundamental sostener el CRFIC y los incentivos para la realización cinematográfica y audiovisual del país. 

Solórzano señaló que el Estado ha mermado dramáticamente fondos como El Fauno (del Centro de Cine) y que no existen aportes para procesos de desarrollo ni de posproducción. 

“El CRFIC cubre discretamente desarrollo y post porque los premios que da son limitados y hay un solo premio en efectivo, que es lo que más se necesita cuando el proyecto está en ese proceso. Aún así se agradece que exista el CRFIC”, dijo.

Sin embargo, la cineasta consideró preocupante que el Costa Rica Festival Internacional de Cine sea el último bastión que permanece y, por ende, “hay que defenderlo con las garras”.

Por su parte, las películas elegidas por los jurados de Cine en posproducción fueron Lugares vacíos (Costa Rica), dirigida por Zenén Vargas, y Para su tranquilidad haga su propio museo (Panamá), bajo la dirección de Ana Endara y Pilar Moreno.

Endara y Moreno manifestaron en un correo firmado en conjunto, que la importancia de sostener fondos de incentivos estatales como los premios de Industria CRFIC es crucial por dos razones.

Por un lado, visibilizar el proyecto abre rutas y posibilidades a la película para finalizarse y mostrarse, con la relevancia que conlleva el apoyo a la producción de cine centroamericano.

Por otro lado, el incentivo en sí es una ayuda clave para poder terminar la película y cubrir parte de los gastos del proceso de producción, específicamente la mezcla final de sonido.

“En Panamá no hay un acuerdo regulado de apoyo de la empresa privada hacia el sector del cine, así que para proyectos como el nuestro la oportunidad que da el Festival es muy importante. Además, los premios del CRFIC son una apuesta del Estado por la cultura. Esto es algo fundamental hoy en día y me parece que representa una referencia importante en la región”, afirmaron.

Lugares vacíos recibió no solo un galardón por 2.5 millones de colones, sino el premio “Say the Same Subtitles”, consistente en traducción y subtitulaje a dos idiomas a seleccionar, patrocinado por la empresa mexicana del mismo nombre, líder en traducción audiovisual y subtitulaje para festivales de cine.

Según sopesó Vargas, el desarrollo de la industria audiovisual y la producción cinematográfica dependen en gran parte de los incentivos del Estado. “Esto se puede ver con simples datos:  desde que existe un fomento estatal, la cantidad de películas hechas en el país aumentó considerablemente, no solo en su cantidad sino en calidad”

Vargas destacó que una película tica logró estrenarse en el Festival de Cannes, otra compitió en los Goya, y un buen número ha realizado un recorrido en distintos festivales internacionales. 

“Todas estas películas tuvieron incentivos del Estado”; sin embargo, aseveró que “existen personas que pretenden desmantelar esto. El gremio cinematográfico ha hecho constante hincapié en fortalecer estos fondos y espacios. Es lamentable que se tenga que estar defendiendo algo que ha demostrado dar buenos resultados”.

Historias para ser filmadas

En el caso del proyecto Matryoska, el fondo permite que la directora siga filmando con la incorporación de otros talentos y miradas al equipo de trabajo.

“Hasta este momento, mi trabajo fue muy solitario, pues solo yo había estado filmando, editando y escribiendo y ahora, gracias a este apoyo, voy a poder abrir el espacio a colaboradores que van a enriquecer muchísimo el proceso”, expresó. 

La historia contada por Merino gira en torno a una pregunta central: ¿cómo podemos las mujeres construir proyectos de vida que nos hagan más plenas, dichosas y completas, que concilien nuestras pasiones y nuestra voz interior con ser mamás, ser hijas, con tener familia, con tener otros trabajos, con tener amores y parejas? 

La protagonista de Matryoska es Patricia Mora ⎼madre de Maricarmen Merino-, figura pública, feminista y política. “Yo reflexiono en torno al proceso de vida de mi mamá y establezco un diálogo intergeneracional con las mujeres que nos han antecedido y sus caminos de vida. Siento que han cambiado muchísimo los contextos entre nuestras mamás y nosotras y aún tenemos demasiadas preguntas y retos compartidos”

En relación con Los monaguillos, Fernández detalló que al ganarse dos días de equipo gratuito logra apoyo en la filmación de una parte específica del proyecto muy importante para el documental. “La grabación va a ser en un estudio en donde vamos a necesitar el equipo más completo y complejo”.

Los monaguillos narra la historia real de unos muchachos abusados sexualmente por un cura que se dio a la fuga y fue extraditado desde México a Costa Rica en días recientes. 

“Es una historia urgente por contar, que no se ha contado en Costa Rica ni en Centroamérica ni el Caribe. Para seguir con el proyecto estamos tratando de levantar fondos en otros lados, ojalá de El Fauno”, explicó Fernández.  

Solórzano precisó que el premio Cine House para El espacio es un animal monstruoso apoya el inicio del proceso de filmación, ya que van a darle seguimiento al personaje protagónico, quien procurará hacer realidad su sueño de ser el segundo astronauta costarricense en ir al espacio.

“Será un proceso largo, muy especial e importante. Nuestra película va a ser un acompañamiento a este personaje a través de sus entrenamientos, sus pruebas y vamos a descubrir juntos si va a lograr o no hacer ese viaje, pues dependerá de si pasa esas pruebas”

Cine House permitirá hacer las primeras filmaciones del proyecto al ser una historia actualmente en desarrollo.  

El espacio es un animal monstruoso cuenta la historia del joven Adolfo Chaves, profesor universitario, ingeniero y con trabajo estable, pero a la vez una persona con el sueño de ir al espacio y que está en camino de conseguirlo.

“Nosotros creemos que el camino de Adolfo puede inspirar a las personas en estos momentos en que necesitamos esperanza; puede ser una forma en que la gente recuerde que perseguir un sueño, aunque a veces parezca una locura, vale la pena”

Finales que son inicios

El largometraje de las panameñas Endara y Moreno visibiliza a las mujeres ancianas que muchas veces son silenciadas en extremo por las producciones cinematográficas. “Prácticamente desaparecen como sujetos en las narraciones y en general se les relega a un rol secundario como cuidadoras o dependientes sin posibilidad alguna de contar sus propias historias”, expresaron. 

De acuerdo con ambas cineastas es muy difícil que se abran espacios narrativos que  permitan conocer directamente de ellas y lo que experimentan, al envejecer, en su mente y  en su corazón; qué sucede con sus deseos y su imaginación durante ese proceso. 

“Para conocernos a nosotras mismas debemos encontrar una manera de incluir y de integrar las voces de otras mujeres, las experiencias de nuestras ancianas en las historias que queremos contar, porque ellas son parte de nuestra historia”. 

En la narración, la protagonista, Senobia, es una mujer que hizo arte toda su vida sin saber que era artista y feminista. En ese sentido la película alude a la ausencia significativa de referentes en ese campo, puesto que no se han recogido las historias de artistas feministas que precedieron a las contemporáneas o se ha perdido su trabajo. 

“Su quehacer como artista al margen del sistema ayuda a entender cómo el arte que nace fuera de galerías e instituciones puede volverse una herramienta poderosa de resistencia”

A la vez, la historia cobra relevancia porque sucede en un pueblito panameño; un lugar que se está vaciando, como tantos otros lugares del campo, como resultado de la deforestación y la sequía, que hacen que la vida, especialmente de las mujeres, sea muy difícil. 

“Estos pueblos raramente son retratados; cuando participan en narraciones suelen ser usados como un escenario folclórico y muchas veces caricaturizado, como si el campo fuera un contenedor inerte de tradiciones fosilizadas, congeladas en el pasado. Queríamos contribuir a una visión más abierta y alejada de ese estereotipo”, concluyeron Endara y Moreno.

El incentivo económico para Lugares vacíos permitirá a Vargas realizar la película, “ya que al ser un tema complejo, no había ningún capital privado que estuviera interesado en invertir. Todo nuestro financiamiento fue con incentivos del Estado”, subrayó el director. 

La propuesta inicialmente obtuvo fondos de El Fauno y el apoyo en desarrollo del CRFIC, y con el premio cuentan con apoyo para la posproducción para finalizar la película. 

“Realmente estamos muy agradecidos. Sin estos  incentivos, ¿cómo hubiéramos hecho la película? Y este solo es un caso de muchos. ¿Cuántos proyectos de calidad no verían la luz justo por la ausencia de estos espacios?”, se preguntó Vargas.

Lugares vacíos desea dimensionar con justicia a Viviana Gallardo, militante vinculada a un grupo autónomo de izquierda de finales de la década de los setenta y principio de los ochenta, llamada La Familia, quien en una celda de la Primera Comisaría de San José muere asesinada a tiros por el cabo José Manuel Bolaños Quesada.

“La historia de Viviana sigue y seguirá siendo relevante. Estamos hablando de un crimen de Estado que sucedió hace cuarenta años, y que se traduce en una madre que perdió su hija, un hermano que perdió a su hermana y sobre el cual nadie dio una respuesta a lo que había sucedido”.

Para Vargas, la pregunta de “¿quién la mató?”  no es la única que surge, sino cuestionar al Estado costarricense. 

“Estamos hablando de pruebas desaparecidas, de torturas por parte del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), y de una absoluta negligencia para encontrar a los verdaderos culpables. Además esto que sucedió hace cuarenta años, sigue sucediendo hoy en día. Tal es el caso de Sergio Rojas o Jehry Rivera, asesinados en el 2019 y 2020. ¿Se hará justicia? La historia nacional parece decirnos que no, pero aún así, nos seguimos proyectando como un país defensor de los derechos humanos internacionalmente”, concluyó Vargas.