Rojo Génesis: “Hace 40 años jamás se hubiera pensado que una chica trans iba a hablar de terror trans”

Rojo Génesis llega desde México al 11° Costa Rica Festival Internacional de Cine a brindar la master class "Terror, cuerpo y transfeminidad en el contexto audiovisual latinoamericano", el día martes 24 de octubre, en el marco de los talleres de Formación del CRFIC.

Esta artista visual trans es creadora del primer colectivo audiovisual de terror conformado por mujeres trans en México, llamado Casa de Hadas. Un espacio independiente y autogestivo, desde el que trabajan con fotografía, video y archivo, por medio también de prácticas caseras de registro. Produciendo ficciones y terror, la idea es “pensar cómo se construyen estos medios audiovisuales a través de lo amateur. Que tiene que ver, a fin de cuentas, también con una condición de clase. Tal vez el registro no puede ser con una cámara fotográfica profesional pero también hay otros medios alternativos donde se puede trabajar esta práctica de registro”.

Además, el espacio aporta a generar redes con otras mujeres latinoamericanas. Participan en múltiples festivales y talleres y en el colectivo Latinas Fantásticas, donde realizan investigación, producción y dirección de cine de género. Todo esto permite dialogar “incluso con otras mujeres trans que ni siquiera se dedican a lo audiovisual, pero que están interesadas en potenciar y en difundir el trabajo que están haciendo otras chicas

La artista propone el terror transexual, como una categoría que “surge de la producción, sobre todo audiovisual, para abordar narrativas y la ficción que creamos entre mujeres trans en el cine”. Esto para pensar el terror desde un análisis social e histórico, donde “no se podría pensar ni siquiera en el audiovisual trans, si no partimos de otros campos de estructuras, como políticas o económicas”.

Rojo, nos comparte su mirada su mirada del cine trans desde la trayectoria que experimenta, afirmando que si bien “todavía no se puede pensar en un cine trans, ya que es un tema complejo en toda Latinoamérica”, en México están surgiendo las primeras directoras, como Dana Karvelas, Nuria González, Sofía Moreno, que son mujeres trans. Pero, como ella dice, “el hecho de que haya una personaje o una trama encaminada donde hay un personaje trans, no quiere decir que sea cine trans. Hay diferencia entre la representación y entre cuando se produce desde la producción o dirección trans”.

¿Qué es Casa de Hadas? ¿Podrías contarnos sobre este proyecto, qué es lo que hacen, quiénes y cómo trabajan?

Casa de Hadas es un proyecto independiente que surgió en 2020 en la ciudad de México desde el trabajo colaborativo con otras chicas trans que estamos interesadas en la práctica audiovisual, sobre todo a través del cine, del video, de la fotografía y principalmente de la programación de cine de género. Empiezo este espacio con recursos propiosm a hacer programación en cineclubes, curadurías, incluso autopublicaciones a través del fanzine, talleres, actividades de formación, de todo un poco para empezar a difundir las intenciones del colectivo.

Al principio fue muy buena recepción, ya que interesaba que se acercaran personas de la disidencia sexual, como lesbianas, hombres gays, personas trans. Y así empecé a impartir los primeros talleres. El primero se llamó Queer Horror y una genealogía del terror lesbiano, transexual y gay en occidente, que fue la primera investigación que se realizó en Casa de Hadas, para empezar a conceptualizar lo del Queer Horror en el cine de terror. Pero también para ir más allá del terror como algo estético audiovisual, sino también conceptualizarlo a través de los estudios del cine.

El proyecto funciona de manera independiente e itinerante, es decir, hay sedes que invitan al colectivo a hacer residencias artísticas, actividades de formación, curadurías, conferencias o masterclass, como pasa en este caso con la masterclass del CRFIC.

Trabajaste con archivos también, ¿qué podés contarnos del proceso de esa Genealogía y qué pudiste encontrar?

Yo hice una residencia en 2022 en Ciudad Juárez, que es una ciudad fronteriza con Estados Unidos. Mi residencia fue para trabajar lo del terror trans, más que nada en la producción artística y fue ahí donde empecé a recolectar historias de ficción y de no ficción, entre mujeres trans, encontrando historias muy particulares que existían.

Estaba el caso de las golpeteras, que son mujeres trans que salen de noche y asaltan, te roban todo y actúan en pandilla, siendo un imaginario social que está muy, muy presente. Y justo ese imaginario social ha permitido que incluso se cometan transfeminicidios en nombre de ese mito.

O también el caso de una chica muy famosa en Ciudad Juárez, que le decían la Barbie, ella mató a su esposo y también eso generó determinada narrativa super fuerte hacia ella, y hacia todas las mujeres trans. Veía cómo funcionaba lo que llamamos acá en México el bufe, el chisme, los rumores, para construir esas narrativas que al fin de cuentas se hacen carne al momento que se depositan sobre la persecución de las mujeres trans.

Desde la recolección de esas historias también me interesaba conocer qué tipos de ficciones estábamos pensando nosotras. Y fue ahí donde empecé este proyecto que se llama Encarnar el cuerpo, narrativas visuales de terror trans, donde trabajo con otras mujeres trans para elaborar escenografías e historias de ficción a través de nosotras mismas. Donde a través del uso de la cámara, desde la perspectiva de otras mujeres trans, creamos esos escenarios. Y así, lo que empezó en archivo terminó en producción de algo que se narra en primera persona.

Desde tus investigaciones planteas la Genealogía del terror lesbiano, transexual y gay. ¿A qué se refiere que el terror está encarnado en el cuerpo de las mujeres trans?

Primero que nada, pienso que el terror es algo más que la parte estética visual de pensar lo sangriento, lo grotesco, lo visceral. Creo que cuando desbordamos hacia lo estético, podemos pensar el terror como una categoría de análisis en sí. A través de los estudios del cine, los estudios sociales o los estudios históricos es donde se empezó esta investigación, que la llamo una investigación artística. Para pensar en cómo el terror, cuando se aborda como una categoría de análisis, se encarna sobre ciertos cuerpos.

Entonces, para empezar a abordar el terror como una categoría de análisis, tuve que empezar a hacer también trabajo de archivo. Y es ahí donde también encontré un montón de antecedentes; históricamente se le deposita un miedo y una persecución a determinados cuerpos y, en este caso, al de mujeres trans. Si buscamos en archivos encontramos que incluso ha habido persecución, criminalización, determinadas narrativas construidas, hacia el cuerpo trans. Y eso también es algo que me ha interesado mucho, abordar la ficción desde las mujeres trans, es decir, pensar de qué maneras estamos siendo construidas constantemente.

Cuando vemos películas de terror o películas que no son de terror, siempre existe una narrativa en particular sobre el cuerpo trans feminizado. Me empieza a interesar elaborar y trabajar mucho esas narrativas, incluso más allá de la moralización de ellas. No me funcionaba moralizarlas y quedarme ahí, sino que también quería trabajar y desmenuzar bajo qué contextos y bajo qué lugares estaban elaborando eso. O sea, qué estaba sucediendo en determinado contexto para que se construyera una sujeta trans asesina, la trans misógina, la trans ladrona, etc.

El terror permite en gran parte representar realidades y jugar desde las fantasías, es una gran herramienta para la narración de historias alternas, ¿será por esto que resulta interesante el género para la narración desde lo queer, cómo se da esa unión del terror y lo transexual? Y por otro lado, ¿cuál es el potencial que este género le brinda a esas realidades que planteas, de estereotipos, criminalización y persecución hacia las mujeres trans?

Anterior a que comenzara este proyecto de ficción desde mujeres trans, tenía un borrador de esa Genealogía, donde asumo que también existe una construcción y constitución de una monstrología de lo queer, dentro de este contexto social. Hay un montón de alegorías, incluso trabajabamos en talleres de formación desde Casas de Hadas sobre esto, en cómo se ha construido también lo de la lesbiana perversa. Hay hasta registro literario sobre eso, hay un libro que se llama La construcción de la lesbiana perversa de Beatriz Gimeno, que habla de la relación del vampirismo con el lesbianismo y cómo es narrado siempre. Que cuando se encarna desde un cuerpo butch, por ejemplo, es vista como la depredadora sexual. Por lo regular en estas narrativas de horror y terror cuando se habla de vampirismo, hay cierta particularidad del tratamiento hacia el lesbianismo y hacia las mujeres en sí.

Lo vimos también con el tema del VIH y lo gay, qué narrativas empezaron a existir sobre esto para comenzar a construir, por ejemplo, la imagen del zombi, y ver cómo interactúa esa imagen del zombi, con el VIH y con la figura del personaje gay. Trabajamos mucho con la película de Otto Zombie Gay, del director Bruce LaBruce.

Y lo mismo pasaba con películas o contenidos audiovisuales al momento que abordábamos lo trans. Como el caso de la película, Sleepaway Camp, de Robert Hiltzik que habla de una niña que la obligan a transicionar, y se vuelve completamente local y empieza a matar a todos. Es trabajar a través de esas construcciones y que a fin de cuentas están atravesadas un montón por el cuerpo también. Y además, qué tipo de cuerpo está construyendo esa idea de monstruosidad, con la idea de peligrosidad y de lo amenazante.

Incursionar en este género, desde un lugar alternativo, implica crear fuera de ciertos cánones estéticos, narrativos y de producción que hay en la industria del terror tipo hollywoodense, podríamos decir. Implica un doble desafío...

Para mí estar posicionada desde el terror y el horror, es una forma de situarme y fugarme de esta construcción muy diferente que veo en el cine LGBT+ o cine queer, que por lo regular recurre al drama, a lo romántico y que existe una moralización incluso hacia determinada construcción de lo trans. Pienso que eso pasa mucho en el cine documental, a las personas les interesa siempre ver en primer plano a una mujer trans maquillándose o en tacones, o a un gay llorando porque sus familias no lo quieren, o a una lesbiana que la violaron y que jugaba fútbol y ya no. Yo creo que el horror y el terror es todavía un espacio donde se puede dialogar con la ficción, desde un lugar no tan moralizado en ese sentido.

Las producciones que más me han interesado del horror no han tenido ese tratamiento que si encuentro mucho en el cine mainstream LGBT+, donde se trata de detonar esa perspectiva de la víctima, donde nosotras no podemos ser agentes de esa misma puesta en escena. Pareciera que solamente repiten clichés audiovisuales donde hay ciertas poses en escena, ciertos planos recurrentes, que ya son muy esperados para hablar de lo trans. Esa es una de las razones por las que me sitúo desde el terror y no tanto quizá desde el cine documental, desde el drama o desde lo romántico. Y también porque visualmente me parece demasiado atractivo el recurso del terror.

¿Qué nos dice del cine de hoy este acceso al terror desde lo queer, de esta aparición en escena de lo transexual? Que se da no solo en la mayor participación, dirección o producción de películas, sino también en la difusión de la temática, en la existencia de más espacios de intercambio y encuentro, hasta en Festivales de Cine por ejemplo, y que antes no existían.

Creo que es una primera socialización de los medios de producción. Hace 10 años toda la producción de cine trans la hacía gente que no era trans y producía cine de lo trans. No quiere decir que estrictamente solo las personas trans tienen que producir cosas de personas trans, porque sería entrar en esta idea de que, por ejemplo, las mujeres tienen a la fuerza que producir cosas de mujeres porque si no está mal.

Sin embargo, se están abriendo ciertos espacios y no de manera gratuita, sino que también hay una trayectoria, hay antecedentes, que han posibilitado que exista ese diálogo y esa apertura que decis. Creo que también habla de cuestiones de clase, lo veo mucho con mujeres trans, porque es con la población con la que más trabajo. Es muy evidente que antes de que pienses en hacer una película, lo primero que está de por medio es el acceso a la vivienda, el acceso a la salud, el acceso a otras cosas.

Y en ese sentido creo que es parte de esto que mencionas, de la socialización de los medios, de la distribución, de cómo hacer la producción. A fin de cuentas, es pensar también el contexto histórico en el que estamos todas, no es lo mismo ahora ser chica trans como hubiera sido en los 70's o en los 80's, habían otros tipos de procesos y problemáticas por las cuales una estaba atravesada.

¿Y cómo se da en México esa producción y apertura?

En México no creo que haya todavía generaciones tan sólidas y completas de mujeres trans produciendo e interesadas en el cine. Y las pocas que somos, estamos también tratando de generar redes, alianzas, sobre todo cuando se trata de fondear los proyectos, que es también bien complicado. Porque en la medida en que se pueda ir accediendo a esos recursos, se van a ir generando esas conversaciones en torno a lo audiovisual.

He estado proponiendo mucho pensar a partir de las prácticas amateurs y caseras, regresar al cuerpo. Como en el caso de las mujeres trans, que suceden muchas prácticas de intervenciones caseras, corporales y estéticas y me gusta hacer esa relación con la parte audiovisual. 

¿Cómo es el recibimiento del público con este género, cómo son las reacciones?

En México ha sido raro. Principalmente la gente que se acerca son sobre todo mujeres y personas LGBT+, es muy chistoso que a veces sucede que nuestro público menor son las mujeres trans. Es muy complicado cuando haces trabajo colaborativo con otras mujeres trans, que a tus espacios vayan otras mujeres trans. Y eso tiene que ver, como te decía, con condiciones de acceso a ciertas cuestiones. En México el trabajo sexual es uno de los espacios donde hay más mujeres trans. Para empezar a hacer también espacios de divulgación audiovisual, pues es complicado que mujeres trans puedan dejar un rato el trabajo para ir a esos espacios. Entonces, por lo regular sucede que tenemos más público de hombres, de chicos gay, de mujeres lesbianas, de mujeres heterosexuales y lesbianas, etc.

Y cuando he trabajado en espacios muy amplios, muy mixtos, en realidad nunca he tenido una experiencia negativa, más allá del morbo. Pero siempre hay un cuidado de delimitación espacial, cuando colaboramos con otras mujeres trans tampoco queremos exponernos.

En cuestión de medios de producción, también es trabajar a partir de una socialización, una sensibilización del tema en sí, para poner sobre la mesa qué antecedentes hay, para poder hablar incluso del terror transexual. Primero, tendríamos que hablar sobre cuestiones del acceso al sector artístico de mujeres trans, que es un movimiento que también está surgiendo acá. Creo que han tenido que suceder cosas anteriores para que suceda también lo que estamos haciendo ahorita.

Desde el CRFIC estimulamos la reflexión crítica y el debate mediante los talleres de Formación, y son parte fundamental del Festival. Para vos, ¿cuál es la importancia de estos talleres, que te encuentres en los festivales planteando temas, experiencias y sentires desde tu experiencia?

La importancia es muy amplia. Partiendo primero del hecho que me sitúo desde una vivencia como trans, al igual que el proyecto. Y también para hacer un diálogo regional, compartir qué conversaciones desde estas poblaciones se están generando en el contexto mexicano, en diálogo quizás con el contexto de Costa Rica o de lo que se está produciendo en el sur también.

Creo que son propuestas artísticas, audiovisuales, que parten de prácticas y contextos muy diferenciados, pero que también son relevantes para generar esas primeras conversaciones. Tienen mucho potencial, de abrir espacios a poblaciones jóvenes que estén relacionadas a la práctica audiovisual. Y también es muy sabido que cuando hablamos de festivales de cine, regularmente hay muy poca apertura para el cine de género, de terror.

Entonces, creo que los conversatorios son también muy relevantes y lo hemos hablado y discutido, por ejemplo en la Red de Latinas Fantásticas, aún hace falta abrir muchos esos espacios cuando hablamos de horror y terror en el cine latinoamericano.

Proyecto de investigación y curaduria: Disparo Transexual, exposición colectiva de Plasticidades Encarnadas. Trazos genealógicos de la producción artística en México que reúne la obra de 11 artistas: https://www.instagram.com/_disparotransexual/?igshid=MzRlODBiNWFlZA

Revista Error 404: breve recorrido a la propuesta del terror transexual latinoamericano: https://centroculturadigital.mx/revista/terror-transexual?fbclid=PAAaa3LVNl0tKLH6QzSeDQvCCEzJ-b7EdI5pcEfDDi9Z1wvkzMKbWldmWF10c

Instagram Casa de Hadas: https://instagram.com/casa_de_hadasmx?igshid=MzRlODBiNWFl

Ver más: